El desierto espera siempre - TodoParaViajar
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21 de Septiembre de 2012
El desierto espera siempre
Tanta velocidad puede sentirse en la quietud, como ensordecedores sonidos en su silencio. El desierto llama con su desgarradora soledad. Lugares del mundo que sin nada a la vista, dicen tanto, de ellos, como de nosotros.
El gran desierto del Sahara


Rodrigo Carretero



Hay por allí una canción que dice que el desierto supera la distancia, pasa sobre la gente. Y algo de ello debe haber porque a su inmensidad el hombre le teme, pero a la vez lo tienta a avanzar, dar un paso al más allá.

Desiertos existen a lo largo y a lo ancho del mundo, salvo en Europa. En el imaginario popular, desierto remite a arena infinita, calor de los mil infiernos, algún camello que se recorta por sobre el atardecer sobre una duna que hoy es, y ya mañana no. Algo de eso hay, pero el desierto es mucho más. Aquella imagen bucólica podemos encontrarla en el más famoso de los desiertos, el Sahara. Ubicado al norte de África, es el desierto cálido más grande del mundo y su inmensidad divide al continente en dos zonas muy marcadas. Una de sus principales características es que varia de manera constante su superficie en un fenómeno de ciclos de expansión / contracción. Esto lo convierte en un desierto vivo. Para conocerlo, imposible en su totalidad, pero si para llevarse una buena cantidad de recuerdos y arena en el alma, la mayoría de las excursiones parten desde Marrakesch, una de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos. Existen programas desde 2 días a una semana, recorriendo atractivos imperdibles como Zagora y Merzouga, ambos sub zonas del Sahara. En ellos, los sitios más interesantes son Ait Ben Haddou, el Valle del Roses, las Gargantas del Dades, el Valle del Draa y las Gargantas del Todra.

En una especie de ranking arbitrario, Australia ocupa el segundo lugar en cuanto a atractivos desiertos. En la isla continente encontramos nada menos que cinco grandes desiertos: el Australiano, el Gran Desierto Arenoso, el Victoria, Simpson y Gibson. Todos ubicados del centro hacia el oeste. Recorrerlos es una experiencia única que merece la pena, el sacrificio y el calor.   Los atardeceres del desierto Australiano reflejan una imagen del paraíso. El Gibson esta habitado exclusivamente por aborígenes y entre su fauna se encuentran el canguro rojo y el emú. Pero sin lugar a dudas, Uluru, su nombre original, Ayers Rock como es conocida, es el mayor imán para el turista. Se trata de uno de los mayores monolitos del mundo, con más de 348 metros de alto, 9 kilómetros de contorno y 2,5 kilómetros bajo tierra. Uluṟu es un lugar sagrado para los aborígenes australianos y desde 1987 es Patrimonio de la Humanidad. Lo que hace impostergable y duradera la visita es la particularidad de su superficie que cambia de color según la inclinación de los rayos solares, tanto a lo largo del día como en las diferentes estaciones del año. A pesar de que la lluvia es poco frecuente, durante los períodos húmedos la roca adquiere una tonalidad gris plateada, con franjas negras debidas a las algas que crecen en los cursos de agua.

Más allá, Asia espera al aventurero que se atreva a las infinitas distancias de sus grandes desiertos. El de Gobi cuenta con mayor prensa, pero el desierto Taklamakan, traducido literalmente, “si entras, no saldrás", es el lugar a visitar.  A su vera, serpentea, casi huyendo de él, la Ruta de la Seda. El río de Jade Blanco, famoso por sus depósitos del mineral, lo atraviesa y en sus arenas se hallaron restos arqueológicos y varias momias con una antigüedad superior a los 4.000 años. Esta ubicado en la región autónoma Uigur de Xinjiang en la República Popular China. El que se anime al desierto maldito, engullidor de aventureros, deberá hacer base en uno de los principales oasis, la ciudad de Khotan.

El sur también existe y América tiene sus grandes desiertos. Quizás no sean los más extensos, pero en nada tienen que envidiarle en belleza al resto. Atacama, Salar de Uyuni o la puna andina son lugares donde la naturaleza realmente se destaca en su obra. Ya sea en Peru, Bolivia (Uyuni), Chile (Atacama) o Argentina (la puna, en las provincias de Jujuy, Salta, Catamarca o La Rioja), la infinita planicie es truncada por lagunas, flores que al llegar la primavera tapizan de colores la rispidez del suelo, formaciones geológicas imposibles de imaginar, que solo parecen reales al verlas con los propios ojos. Más al sur, en la provincia argentina de Mendoza, La Payunia sorprende con sus volcanes  y la lava solidificada en caprichosas formas.

En la meseta patagónica vive el desierto entre el mar y la montaña. Todos estos lugares, desde el Salar de Uyuni hasta el extremo sur del continente tienen a su favor varios factores. Están relativamente cercanos de grandes centros poblados, por lo que el alojamiento es variado y de calidad. Es posible realizar todo tipo de excursiones, de variada longitud en días, y en actividades, ya sean deportes extremos, como simplemente la paz de perderse en el infinito. Es posible unir cada uno de los sitios en un periplo que dejará extasiado al turista.

Finalmente, el gran desierto, el último, es el Antártico. El más alejado, tanto del hombre como de aquella primera imagen. El blanco impera en toda su superficie y ciega, obliga a entrecerrar los ojos, tanto como el ardor del Sol en las arenas. En su soledad, en su silencio, en su infinidad, podemos descubrir, felices, que el desierto espera siempre…

Cuestiones de tamaño.

Siempre se imagina al Sahara como el desierto más grande del orbe, pero no. El Antártico es el desierto más grande del mundo, ya que el continente ocupa una superficie de 12.393.000 km². En cuanto a los desiertos cálidos, acá sí, el rey sin dudas es el Sahara (9.065.000 km²), le siguen, lejos, el Desierto Australiano con 2.300.000 kilómetros de extensión, el Gobi; 1.040.000 km², y el Desierto Arábigo, con 1.300 000 km².

Para comparar

Brasil, el país más grande de Sud América con sus 8.514.877 km². es más pequeño que el Sahara. El Desierto Australiano, ocupa el 30% de la superficie de Australia, y Francia, siendo el país más grande de Europa, con sus 643.801 km², entraría 14 veces en el desierto del Sahara.





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