Más vale tarde que nunca. El Parlamento de la república de Georgia acaba de tomar la histórica decisión de reconvertir el Museo de Josef Stalin , situado en su pequeña ciudad natal de Gori, en un espacio para la memoria de los crímenes del estalinismo.
Desde su inauguración en 1957, el gigantesco Museo se ha dedicado a glorificar la figura del dictador soviético: enormes óleos lo retratan en gestas heroicas, bustos de mármol lo muestran digno y justo en su tarea de decidir el destino de la Unión Soviética, y la casa en la que nació, ubicada en los jardines del Museo, es el testimonio de su infancia dura y humilde. Nada se dice del holodomor : la hambruna planificada por Stalin en territorio ucraniano entre 1932 y 1933, ni de su pacto con Hitler de 1939, y apenas si se menciona a los gulags.
Tras la caída de la Unión Soviética y a medida que el Museo empezó a convertirse en una atracción turística y un recurrente blanco de críticas, su dirección tuvo que hacer algunas concesiones: en 2010, se inauguró una pequeña sala para recordar a los ciudadanos de Gori que fueron enviados a Siberia. Lo curioso es que los guías no dicen que fueron las decisiones de Stalin las que los enviaron allá: el relato museístico presenta la represión sistemática como una contingencia de los tiempos que se vivían.
“El museo actual ya no se adecúa a los tiempos actuales”, confirmó el ministro de Cultura, Nika Rurua. Sin embargo, la reconversión del Museo en un espacio que recuerde las atrocidades que se cometieron bajo el estalinismo es parte del largo proceso de eliminar el culto a la personalidad de Stalin que perdura en varios puntos de la ex Unión Soviética.
Fuente: www.clarin.com
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