Logroño, mucho más que vino - TodoParaViajar
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21 de Diciembre de 2016
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Logroño, mucho más que vino
Logroño es la capital de La Rioja, y al oír el nombre de esta región de España, inmediatamente el paladar y la nariz se llenan del sabor y el aroma a vino.
Concatedral de Santa María la Redonda


Texto: Armando Cerra  Fotos: Mónica Grimal

En Logroño todo sabe a vino. Las cepas de vid prácticamente rodean a esta urbe de unos 150.000 habitantes. Y las bodegas se pueden ver distribuidas por los alrededores e incluso dentro de la ciudad, a las mismas orillas del río Ebro que atraviesa el núcleo logroñés.El Espacio Lagares dedicado al vino

La gran mayoría de la población vive directa o indirectamente de los afamados caldos con Denominación de Origen La Rioja. Y los visitantes acuden atraídos por su reputación internacional. Por supuesto, al llegar a la capital riojana compran esos vinos y los catan en bares y restaurantes.

E igualmente es posible conocer sus procesos de elaboración en las bodegas que abren sus puertas a los viajeros o descubrir su historia en centros culturales y expositivos de la ciudad como es el Espacio Lagares. Todo ello integrado en una interesante y suculenta ruta enoturística.

En definitiva, como decíamos todo huele a vino en Logroño. Sin embargo, una vez que se está allí se comprueba que tiene otros motivos para visitarla.

Por ejemplo, el monumento más emblemático de la ciudad es la imponente Concatedral de Santa María la Redonda con sus dos torres gemelas dominando el panorama. Pues bien, en el interior de este templo a medio camino del Renacimiento y el Barroco se oculta un cuadro muy peculiar que representa una Crucifixión. Obviamente, una temática muy habitual en las iglesias. Sin embargo pocos templos pueden presumir de guardar entre sus tesoros un Cristo Crucificado atribuido al mismísimo Miguel Ángel.

Y sin abandonar todavía el patrimonio religioso, hay que decir que por Logroño pasa el Camino Jacobeo rumbo a Santiago de Compostela. Todos los peregrinos que llegan hasta aquí se dirigen a la iglesia de Santiago el Real, que sería el templo con unos orígenes más antiguos en la ciudad. Su visita es más que recomendable para todo el mundo, incluso para los niños, ya que en la plaza de la iglesia se puede jugar en un enorme juego de la oca pintado en las baldosas, en las que se recrea la ruta compostelana.

Mural callejero en LogroñoEse juego de la oca, no es la única pintura callejera que se ve por el casco histórico logroñés. Al pasear por el núcleo antiguo y por su principal vía que no es otra que la Calle Portales se aprecia que Logroño es una ciudad tradicional, de aires un tanto provincianos, donde abundan los negocios con solera que nos trasladan como mínimo a mediados del siglo XX, e incluso más lejos. Sin embargo, esos aires de antaño son capaces de convivir con lo más contemporáneo.

El ayuntamiento de la ciudad promovió el programa La Ciudad Inventada, para que antiguas fachadas, a veces abandonadas, volvieran a la vida gracias a graffitis y pinturas realizadas por artistas locales. De todos modos, no es de extrañar esta iniciativa por parte del ayuntamiento de Logroño, ya que su vocación de modernidad se observa desde el mismo momento en que se sabe que la Casa Consistorial es obra de uno de los arquitectos actuales más cotizados, el español Rafael Moneo.

Todos eso grafitties, así como los viejos negocios, se van descubriendo mientras se pasea por el casco urbano, delimitado en parte por las murallas medievales y por el río Ebro, cuyas riberas se han convertido en grandes parques.La famosa calle Laurel de Logroño

En fin, se puede ver que Logroño no es solo vino, aunque es indudable que es su emblema cultural, turístico y gastronómico. De hecho, aquí existe la tradición de irse de vinos. Algo a lo que están habituados los lugareños y los visitantes pronto se acostumbran. Hay varias zonas para hacerlo, pero gentes de todo el norte de España han oído hablar de la calle Laurel. Una pequeña vía peatonal como sus colindantes, donde se acumulan las tabernas con aires de bodega que sirven las tapas más típicas y elaboradas. Cualquier de ellas y una copa de crianza de Rioja es el mejor sabor que uno se lleva de un viaje a Logroño.







 

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