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30 de December de 2011
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La famosa tumba de Oscar Wilde se queda sin besos

En su oscura comedia de 1893, Una mujer sin importancia, Oscar Wilde hace que la Sra. Arbuthnot, una respetable mujer con un pasado secreto, diga sabiamente: “Un beso puede arruinar una vida humana”. Al parecer, también puede arruinar los bloques de piedra de una tumba.

Hace poco, descendientes de Wilde, el dramaturgo e ingenioso irlandés que murió aquí en 1900, decidieron mandar a limpiar su inmensa lápida para eliminar la acumulación de marcas de lápiz labial de besos dejados por admiradores, quienes por años han estado pintarrajeando y erosionando, dicen algunos, el monumento en el ondulante Cementerio Pere Lachaise, de París.

Sin embargo, la decisión no sólo equivalía a una limpieza de la piedra, un ángel volador desnudo del escultor Jacob Epstein, quien se inspiró en las figuras asirias del Museo Británico, sino también al montaje de una placa de vidrio de poco más de 2 metros de altura para mantener a la distancia a los ardorosos admiradores.

En su blog, Carta de Amor de Londres, una historiadora arquitectónica de nombre Lisa Marie, quien escribe un blog bajo el nombre Miss Marie, escribió que “la persistente devoción de los seguidores de Oscar Wilde a mas de 100 años de su muerte, representada por esas marcas de lápiz labial, incrementaban el impacto del audaz monumento moderno de Epstein, convirtiéndolo en un monumento incluso más apropiado para un gran decadente y esteta”. Después agregó: “Limpiarlas y poner la tumba detrás de una barrera es como si se estuviera perdiendo el punto”.

A finales de los años 90, el número de visitantes que vio la tumba de Wilde creció apreciablemente, a medida que se convirtió en un lugar de peregrinaje dentro del cementerio, donde algunos de los vecinos más cercanos de Wilde son Gertrude Stein y su compañera Alice B. Toklas, así como Edith Piaf, la cantante francesa. Más lejos en el campo, está la tumba de Jim Morrison de The Doors, otro centro de admiración para seguidores.

Durante varios años, los visitantes que fueron a la tumba de Wilde se habían limitado a dejar grafiti o pequeñas notas o flores. Pero más tarde, dijo Holland, se sintió impotente a medida que se acumulaba el número de marcas de besos rosas y rojos.

Fuente: www.elnuevoherald.com

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