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Croacia, un paraíso desconocido
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Viajamos a Croacia casi por descarte, porque nos "quedaba bien" para ir desde Austria a Grecia, en auto. Grande fué nuestra sorpresa cuando nos encontramos en un país maravilloso, no solo por sus paisajes soñados, sino tambien por su gente y por lo que quizás más me sorprendió: su increíble fuerza para levantarse de una cruenta guerra librada allí mismo hace unos pocos años (1991/1995)
Como el país se desarrolla a lo largo del Adriático, no nos cansamos de ver hermosos paisajes marinos, y pequeñas ciudades llenas de vida, muchas aún en proceso de reconstrucción. Aconsejo el viaje en auto a lo largo de la costa.
La gente es cálida y trata muy bien al turista, ya que es justamente el turismo uno de los pocos "productos" que les genera divisas. Los pueblos del interior, en la frontera con Serbia y Bosnia, son claros ejemplos de lo que fué la guerra, donde es fácil ver que la gran cantidad de estacionamientos gratuitos se debe a casas que fueron destruídas por los bombardeos y quedó solo el terreno. Las huellas de los proyectiles producen escalofríos y una sensación de angustia que no parece ser compartida ya, por los locales. La maravilla de Split, con su palacio Dioclesiano y su magnífica costanera, Dubronik, que fué asediada durante seis meses, incendiada (pudimos ver las fotos) y maltratada cruelmente, brilla feliz, llena de vida (y turistas) como un ejemplo del renacimiento de una hermosísima ciudad (todas las murallas están restauradas, y se pasea alrededor de la ciudad por ellas, gozando del paisaje). Zagreb, con sus mercados al aire libre cubiertos de sombrillas de color rojo, cálida y bella, fué nuestra despedida de este heroico país que nos deslumbró con su geografía, con su gente, con su fuerza. Vale la pena conocerlo.
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