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02 de Octubre del 2011

El otro lado de la moneda (la “otra parte” de la visita al interior de Mongolia)




 La primer parte de este relato lo pueden leer haciendo click aqui

Una tarde, mientras recorríamos un templo en Ulan Bator con una amiga francesa, conocimos a un mongol. Mientras alimentaba a las palomas con semillitas conversaba con Noella, nuestra amiga. Con Aldana decidimos entrar al templo para sacar algunas fotografías y cuando regresamos nuestra amiga estaba hablando por teléfono con la hermana del mongol. Al finalizar la comunicación, nos cuenta que la hermana, quien hablaba un inglés bastante precario, nos estaba proponiendo hacer un viaje al interior de Mongolia con su hermano. La idea era tentadora pues sería realmente auténtico y mucho más barato que una excursión tradicional con una agencia de turismo. Sabíamos que iba a ser algo desorganizado y que podía llegar a no salir tan bien, pero nos arriesgamos. Quedamos para juntarnos en el templo al otro día con él y “la anglo parlante”. 
El mongol, de nombre irreproducible, a quien de acá en adelante llamaremos Tito, por motivos obvios, no hablaba ni entendía palabra de inglés. Cuando digo no hablaba palabra digo “no hablaba palabra”. Ni “Yes” ni “No”. Por eso, le  preguntamos a la hermana si ella vendría al viaje y respondió que no. Ok, será más divertido entonces. El pacto original (all inclusive) por una suma de dinero prefijada a pagar 50 y 50 comprendía: 5 noches con alojamiento en gers, combustible para 1000 Km en una Toyota Land Cruiser con el consumo previamente calculado y todas las comidas. Saldríamos desde el templo, 2 días después a las 9 de la mañana.

Llegó el día

Dos días después a esa hora decidimos ir a buscarlo para que venga con la camioneta al hostel y evitar así cargar las mochilas hasta el templo. Llegamos y estaba él con otro muchacho y de la Toyota… ni noticias. Nos pone a la hermana al teléfono y con su inglés de otro planeta nos dice que la camioneta estará lista a las 18 horas. Ya mi cara de “culo” se dejaba entrever y le dijimos que la llamábamos más tarde y le decíamos si el pacto, ya roto por ellos antes de comenzar, seguía en pie o no. Decidimos que sí y que nos pasen a buscar por el hostel a las 18. Así fue, pero con un auto que no se parece mucho a una Toyota Land Cruiser. Ante mi pregunta sobre la camioneta, Tito me da a entender que este autito era más estable que la camioneta para los caminos que íbamos a recorrer. Una pavada más grande que una casa, pero decidimos seguir adelante. Ya van dos reglas rotas y aun no salimos. Nos amontonamos  Tito, el muchacho que estaba con él a la mañana y nosotros tres.

Empezamos por fin y luego de algunas paradas decidieron que paremos a dormir en un hotel porque ya era tarde y no íbamos a llegar a una casa de familia tan tarde, porque estarían durmiendo. El trato no era dormir en un hotel pero las circunstancias obligaban.
Al segundo día todo se desarrolló con normalidad y a la noche dormimos en la casa de su familia, en un ger. A la mañana siguiente nos pone a la hermana al teléfono y nos sale con que tenían otra hermana internada y que necesitaban T150.000 (tugrik), algo así como 120 dólares. A lo que yo ya con completa cara de culo le dí a entender que ni de casualidad le íbamos a dar dinero y Noella, que estaba al teléfono, le decía que no teníamos ese dinero y que teníamos sólo el dinero convenido. Ante esta respuesta, la hermana le pregunta sobre cuánto dinero teníamos encima y luego cuánto dinero teníamos en Ulan Bator. Ya esto último sonaba a mafioso y no me gustó una mierda. Bien. Seguimos pero para mí ya no era lo mismo.
A la noche siguiente, un poco antes de que oscurezca, llegamos a un complejo de cabañas y gers turísticos y nos pone otra vez a la hermana al teléfono. Con vos tranquila y de “mosquita muerta” nos dice que si queríamos dormir ahí eran 15 dólares c/u. Ahí agarré el teléfono yo y le grité que lo único que hacían era romper el trato y que ésto se terminaba acá, que no pagábamos un peso más de lo establecido y que volvíamos a Ullan Bator lo antes posible. La hermana decía que no entendía mi enojo… lo que levantaba aún más mi temperatura. A esa altura ya me quedaba claro que no iba a ser tan fácil terminar con esta gente, éramos medio rehenes y estábamos en el medio de la nada. Cuando cortamos el teléfono, Tito también cambió su cara y comenzó a buscar donde podíamos dormir gratis en un ger y lo encontró. Y estuvo muy bueno. Perfecto. Al otro día temprano saldríamos para Ullan Bator, visitaríamos unos templos durante el trayecto y a la noche estaríamos llegando, fin de los servicios. Otra vez todo volvió a la supuesta normalidad y yo estaba esperando el próximo intento de sacarnos plata.

Otro intento de sacarnos plata


Ese intento no se hizo esperar. A la mañana siguiente, luego de cruzar un río en una balsa, había un ger y Tito nos hizo entrar. En su interior había unos cuantos mongoles sin ningún tipo de uniforme que nos mostraron unos tickets como de entrada a un parque nacional y pretendían que les mostremos los pasaportes y les paguemos una suma de dinero. Otra maniobra de Tito que fracasó. Salimos del ger y nos sentamos en el auto a esperarlo. El ambiente a esta altura ya se cortaba con un cuchillo y como no había señal de celular, Tito no podía llamar a la hermana y su color ya estaba virando a verde. Pobre tipo, no sabía que en Argentina estamos altamente entrenados para oler “garcas” a la legua. Cuando logró poner a la hermana al habla nos quería dar a entender de que todo eso era cierto, cosa que no rindió sus frutos y le seguíamos diciendo que mentían. Ok, seguimos. Durante la mañana y el mediodía, Tito y su acompañante habían perdido mucho tiempo en forma deliberada de manera tal de no poder llegar a Ulan Bator por la noche como habíamos convenido. La hermana nos preguntó por teléfono si queríamos dormir otra noche en un ger de otro amigo o manejar toda la noche y llegar a Ulan Bator a la 7AM. Le dijimos que preferíamos dormir y evitar que manejaran toda la noche. Ok, seguimos. Ya entrada la nochecita, Tito no paraba de hablar por teléfono (en mongol), otra vez logró que podamos cenar algo en un ger y ya se había hecho noche cerrada en medio de la nada absoluta. En una de esas conversaciones nos vuelve a pasar a la hermana quien nos vuelve a preguntar lo de manejar toda la noche o dormir en algún lado. ¿Pero qué parte no entendiste? Obvio que Tito no tenía ni idea de donde llevarnos a dormir. Siguieron manejando y no tenían intenciones de parar. Se turnaban para estar al volante, pero en un momento se quedaron dormidos. Como íbamos a 20 km por hora y en huellas de pasto, no era tan peligroso. Pero cuando se quedaron dormidos ya en la ruta y a 90 km por hora no era joda. Así que le pegamos un par de gritos, se despertaron todos y llegamos sanos y salvos al hotel a las 4 de la mañana.

Nos encerraron en un hotel

Al otro día cuando nos despertamos no estaban ni Tito ni su acompañante. La gente del hotel nos decía que ellos regresaban a las 10 para buscarnos para ir a Ulan Bator. No entendíamos nada, no tenía sentido. Al rato llama la hermana y nos dice que llegaba a las 11, que se le había muerto un amigo. Ya nos daba risa… A las 11 y monedas llama la hermana y nos dice que van a llegar a las 14. Ahí mismo la insultamos otra vez, le dijimos que ya no venga y que no le pagábamos nada. Intentamos salir del hotel y el dueño no nos dejó, cerró todas las puertas y nos tenía adentro. Estábamos encerrados. Le grité en varios idiomas, le tiré una patada a la puerta, casi se pudre todo y Noella propuso pagarle la noche para que nos deje salir. Así fue y nos abrió. Salimos al medio de casi nada, porque lo único que había eran algunos “restaurantes” y moteles, y no nos quedaba otra que “hacer dedo”. Acá el “hacer dedo” es pago, es decir que una vez que llegás a destino le tenés que dar algo de plata.

Volvimos a la ciudad

Después de un largo camino llegamos a Ulan Bator a las 20. Pensábamos que todo había terminado pero Tito y su compañero cayeron un poco más tarde en el hostel para que les paguemos lo que le debíamos. Nos ayudó una chica del hostel que habla mongol e inglés y le decíamos que de la deuda original había que restar un montón de cosas, como por ejemplo la última noche de hotel. Él decía que ya había pagado esa noche lo cual era falso, la pagamos nosotros para que nos dejaran salir. Tito llama al hotel y el dueño dice que yo lo agarré de la remera, que le quise pegar y que no le pagamos nada. Ya era claro que era una asociación ilícita con jefe y todo. Le dijimos que queríamos hablar con la hermana y resultó que esa mujer no era la hermana. La chica del hotel nos decía que nos estaban amenazando “mal” en mongol y que era mejor pagarles, que una vez con unos japoneses terminó todo a las trompadas. Nunca lo sabremos pero, por las dudas, decidimos saldar la deuda. La otra cara de “la autenticidad en Mongolia”.

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