16 de Noviembre de 2016
Peligros al viajar
¿Cuántos peligros acechan en los viajeros incautos? ¿Qué inconvenientes son los que pueden transformar una estadía de placer en una auténtica novela trágica? Atentos, pues todo viaje nos propone potenciales situaciones peligrosas.


Según el diccionario de la Real Academia Española, se considera peligro a todo “lugar, paso, obstáculo o situación en que aumenta la inminencia del daño”. Está claro que, para lidiar con los peligros no es necesario salir de casa. No obstante, el desconocimiento y la distracción propias de una aventura fuera de los límites del terruño, pueden ocasionarnos problemas de distinta gravedad. En las afueras, aguardan, agazapados, tras los inocentes sabores de una comida, una serie de peligros dispuestos a cazar al más desprevenido de los turistas. 

Peligros reales versus falsos peligros

Para comenzar, hay que hacer una distinción entre lo que es un auténtico riesgo y aquellos que la voz popular les ha otorgado carácter de verdad. Cada lugar, incluso el propio, tiene una reserva de circunstancias que pueden ser peligrosas para cualquier persona que se adentre en su ritmo de vida sin conocerlo previamente. Sin embargo, circulan muchas versiones alarmistas que no hacen más que alimentar leyendas urbanas. Los peligros reales no suelen anunciarse, y al mismo tiempo, se reiteran en la gran mayoría del mapa. Oídos sordos, pues. Si vas a viajar, busca información real en fuentes fidedignas. 

La ley de la equivalencia: lo que placer es, terror puede ser. Así puede sintetizarse uno de los peligros más comunes en los que nos podemos ver envueltos: el malestar físico. Comidas y bebidas poco o nada conocidas por el organismo o sitios de comida al paso con higiene dudosa son el primer factor de peligro. Sugerencia de la carta: evitar aventurarse desaforadamente en la gastronomía menos probada. 

El otro peligro que puede dañar seriamente la estadía es la falta de dinero. Verse estafado o robado pueden ser la causa de un regreso repentino, siempre y cuando, los tickets de vuelta todavía estén en las manos de su propietario. En estas circunstancias, el relax hace lo suyo, y la cara de turista-hay que decirlo- no se puede ocultar. Una combinación perfecta que se detecta a kilómetros de distancia. De modo que, nada de hacer negocios que parecen muy provechosos. Sospechemos hasta de las sombras. 

Perder un vuelo o un micro es otro peligro latente, sobre todo para los que gustan de correr riesgos con los relojes. La sensación de qué hacer puede paralizar a cualquiera, mucho más cuando detrás de ese avión, va una reserva en hotel, excursiones ya pagas y un largo etcétera que, al igual que el viaje, deberá reprogramarse, siempre y cuando sea posible. 

Sin embargo, ningún peligro se compara con poner un pie fuera de ley. Dos inconvenientes transformarán, de un segundo al otro, un viaje en una pesadilla. El primero, es verse involucrado en actos ilegales y tener que responder por ello frente a la ley de otro lugar. A veces, el poco conocimiento que se tiene de una cultura y sus modos de vida, nos puede llevar a cometer acciones que estén catalogadas de delitos. Informarse en sitios oficiales puede ayudar a no pasar un mal momento dando explicaciones tras las rejas. El otro gran riesgo es perder la identidad. Responder a la pregunta quiénes somos sin una tarjeta que lo autentifique es el mayor peligro al que nos podemos enfrentar. Extraviar el pasaporte y otros documentos personales, en pocas palabras, somete al turista a un largo y complejísimo proceso legal que, a los ojos de la legislación, le permita materializarse. Sin documentos, no hay existencia, sin existencia, pues no se puede hacer nada, entre ello, salir o entrar a un país. Menudo peligro, si los hay. 

Nada de tragedias. Un poco más o un poco menos, un viaje merece enfrentar cualquier peligro. Tal como decían los griegos, es trágico aquello que se presenta como irreversible. En este sentido, aunque el peligro logre cazar a alguna víctima poco cauta y haga de ella un festín de angustias, hay que decir que todo tiene solución. Por las dudas, nunca está demás llevar el mejor antídoto de todos en el equipaje de mano: la precaución. 


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