20 de Febrero de 2017
Perder el miedo a volar: viajar en avión puede ser una experiencia placentera
La organización argentina Poder Volar se especializa en el tratamiento de la aerofobia y desde hace once años brinda soluciones para quienes sufren en los viajes aéreos o directamente no pueden subirse a un avión. En su centro de atención ubicado en el aeropuerto Jorge Newbery de Buenos Aires, dictan cursos, ofrecen información y atienden urgencias.

¿Suele cancelar o postergar viajes aéreos a último momento? ¿Alguna vez se bajó de un avión antes de que despegara o dio marcha atrás en la cola para abordarlo? ¿Ha tenido palpitaciones, nauseas, mareos, rigidez en los miembros o vértigo durante un vuelo? ¿Toma alguna medicación o ingiere alcohol para evitar tensiones o ansiedades? ¿Prefiere utilizar cualquier medio de transporte, por más tiempo que demande el traslado, antes que recurrir a una aeronave?


Si usted se siente identificado con estas situaciones, probablemente sufra de aerofobia o miedo a volar. Se trata de un trastorno de ansiedad que es mucho más común de lo que se cree: según las estadísticas, dos de cada tres pasajeros evidencian distintos síntomas físicos a la hora de realizar un viaje aéreo y uno de cada cinco evita subirse a un avión. Además, un 22% de los pasajeros consume medicamentos antes de volar y un 62% experimenta algún tipo de temor.


La buena noticia es que esta fobia puede ser superada y los viajes en avión pueden dejar de ser una experiencia traumática. “Con datos sobre seguridad aérea, información sobre meteorología, ejercicios y –sólo si es necesario– medicación adecuada, el 90% de los pasajeros que padecen aerofobia mejora su experiencia de vuelo”, asegura Claudio Plá Alem, médico psiquiatra y creador de Poder Volar, organización argentina especializada en el tratamiento de esta problemática.


Una misma fobia, distintos miedos


Según el doctor Plá, la aerofobia se va construyendo a través de distintas vías: experiencias traumáticas en los vuelos (muchas veces asociadas a malas condiciones meteorológicas), el tratamiento de la información que hacen los medios de comunicación sobre los accidentes aéreos y la influencia familiar (el contagio de padres a hijos es frecuente, así como el haberse educado en un ambiente aprehensivo y sobreprotector).


El estrés es otro factor que influye –y mucho– ya que provoca un gran desgaste físico y psíquico, además de una reducción de la fortaleza mental y las defensas del organismo. “Para tener miedo hay que sentirse vulnerable”, puntualiza el especialista. Y agrega: “Ésta es una de las fobias de mayor incremento porcentual a lo largo de los años y es cada vez más frecuente. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 y la intensa ola de inseguridad que vive el mundo en general afecta de sobremanera a quienes, por diversos motivos, necesitan trasladarse utilizando aviones”.


Si bien el temor a volar es siempre singular y cada persona lo vive de una manera diferente y única, los miedos más frecuentes son a las turbulencias o tormentas y a los accidentes durante el despegue.


Y aunque nadie está ajeno a esta problemática que incluso afecta a niños pequeños y adolescentes, es más habitual en quienes transitan la etapa media de la vida, es decir, entre los 40 y 55 años. Es común, además, en aquellas personas que –por trabajo u otras obligaciones– deben viajar en avión con frecuencia, como por ejemplo ejecutivos y profesionales. Las mujeres que han sido madres son también más propensas a padecerla.


Se puede volar sin miedo


Con un equipo de profesionales multidisciplinario formado por médicos psiquiatras, psicólogos y pilotos, Poder Volar dicta cursos para enseñar a controlar y superar la aerofobia. Así, con soluciones simples y tratamientos breves, cada vez más personas logran superar un problema que viven con mucha angustia.


Trabajan con distintas técnicas que incluyen dramatizaciones y ejercicios de relajación y respiración. En algunos casos –como los de quienes no se han subido nunca a un avión– utilizan un simulador de vuelo virtual, que permite experimentar la sensación de volar bajo un entorno controlado. La información sobre seguridad aérea, los riesgos reales de los viajes áereos, el funcionamiento de una aeronave y otras cuestiones técnicas y meteorológicas también juega un papel muy importante en el abordaje del miedo a volar.


Desde agosto de 2006, cuentan con un local ubicado en el Aeroparque Jorge Newbery de Buenos Aires. Es el único centro de contención del mundo ubicado en una terminal aérea. “Es un gran desafío para nosotros poder tener nuestro centro en el foco del conflicto: el aeropuerto. Es una forma de acercarnos a los que más sufren la inminencia de un viaje en avión, poder asistirlos y ofrecerles un abanico de soluciones tendientes a minimizar sus temores y su padecimiento frente a los aviones”, afirma el doctor Plá. Allí, todos los días del año, entre las 9 y las 21 horas, atienden consultas, dictan cursos y se ocupan de casos puntuales y urgencias para quienes sufran alguna crisis.


En su página web, Poder Volar ofrece material informativo gratuito y pago (libros, DVDs, videos online), así como recomendaciones para el vuelo. Además, están trabajando para lanzar en pocos días más una plataforma de e-learning, que les permitirá ofrecer cursos a distancia hacia el interior de la Argentina y también al exterior.


Más información: www.podervolar.org

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