10 de Diciembre de 2012
Solo cuando no quede nada, el hombre se dará cuenta…
El avance incesante de la civilización depreda la naturaleza sin descanso. Ante esto, los parques nacionales se yerguen como las mejores herramientas para la preservación. Además ofrecen espacios para la educación e investigación.


por Rodrigo Carretero



Alrededor del planeta y distribuidos en casi todos los países del orbe existen más de 7 mil parques nacionales. Los hay de todo tipo y color, de diferentes climas, floras y faunas. Distintas geografías, latitudes. Preservan cultura, naturaleza, la vida misma. 7 mil parece una gran cifra, pero nunca es suficiente para evitar el rapaz avance humano, ya sea en busca de tierras de cultivo, construir carreteras, ciudades o la explotación de los recursos naturales.



Comúnmente se tiende a considerar como el primer paso en la protección de la naturaleza al Parque Nacional Yellowstone, situado hacia el noroeste de los Estados Unidos, pero lo cierto es que anteriormente hubo intentos en Asia, como el Bosque de Sinharaja, en Sri Lanka. Más allá de esto, lo importante de resaltar es que en todo el mundo, a partir de Yellowstone, en 1872, se han ido formando Parques Nacionales con la idea de proteger, estudiar y preservar ambientes naturales considerados en riesgo o únicos en sus características.



Costa Rica es visto como uno de los países con mayor concentración de parques nacionales de acuerdo a su superficie. Entre ellos, se puede citar el Parque Nacional Marino Las Baulas. Ubicado en la provincia de Guanacaste, este parque fue creado con la intención de cuidar, más que nada, a las tortugas baula, que se llegan hasta aquí para anidar. A ellas se les suma el cuidado por el manglar del río Matapalo, el más grande de América Latina. Más info aquí



Igualmente marino, pero completamente diferente, en geografía, clima, flora y fauna es el Parque Nacional del Mar de Frisia de Schleswig Holstein. Es el parque nacional más grande de Centro Europa y se halla al norte de Alemania, sobre las costas del Mar del Norte. Este es un caso de parque que protege una geografía particular, ya que se trata de una franja expuesta a la actuación de las mareas, quedando inundada con la marea alta y al descubierto cuando baja la marea. De esta manera se descubre un paisaje marítimo con dunas, playas y salinas. Cercanas a la costa, las Hallig son un grupo de pequeñas islas sin diques que quedan inundadas por las mareas vivas y las tormentas. En cuanto a su fauna, se calcula que unas 3.200 especies habitan las marismas. Más info aquí



No lejos de allí, el Parque Nacional de Krkonose, en la Republica checa, es la fiel muestra de un parque de montañas. Para su particular fisonomía intervinieron de modo importante algunas fases de glaciación pleistocena. Antes de su creación, la zona era un coto de caza muy visitado. Con el correr de los años y de las balas, han sido exterminados los osos, linces, lobos y gatos salvajes. Los animales comúnmente encontrados ahora son ciervos, tejón, zorro, marta y jabalíes en las localizaciones más bajas. Dentro del parque se encuentran famosos centros de esquí como Harrachov o Spindleruv Mlýn, lo que provoca un movimiento humano por el parque cada vez más inquietante para su futuro. Más info aquí.



Es lógico que en la inmensidad infinita del continente asiático haya miles de parques nacionales. Uno de los más curiosos y que incluso inspiró ambientes para películas, es el Parque Forestal Nacional de Zhangjiajie. Fue el primer bosque reconocido como nacional en China, cercano a Zhangjiajie, ciudad al norte de Hunan. Si bien la película Avatar no ha sido filmada aquí, fueron las fotografías de este lugar las que inspiraron a los creativos para darle vida a las Montañas Aleluya del planeta Avatar. En sus 11.880 hectáreas con 97% de cubierta de bosques, concentra 3100 pilares de piedra arenisca de cuarcita, algunas de las cuales tienen más de 800 metros de altura. Por supuesto no faltan las cuevas, riachos y senderos que se pierden en el laberinto de rocas. Más info aquí



Para completar esta rápida vuelta al mundo y sus parques nacionales, nada mejor que recalar en una de las siete maravillas naturales y quizás uno de los parques más visitados del mundo. Las fabulosas Cataratas del Iguazú y la selva paranaense que las rodean son protegidas por dos parques. En Brasil, el Parque Nacional do Iguazú, es de donde mejor se ven las caídas de agua, pero es en el Parque Nacional Iguazú, del lado argentino, donde se vive, se palpa, se respira el agua, la selva, la humedad.



Este espectáculo de la naturaleza se originó hace unos 200 mil años, debido a una falla geológica sobre las aguas del río Paraná. Debido a la erosión, la falla fue retrocediendo y hoy se ubica a 27 kilómetros de su punto original. Allí, la Garganta del Diablo se ha convertido en dos grandes arcos sinuosos de 2700 metros de extensión. Siendo el salto más imponente del conjunto, la Garganta se encuentra en el curso principal del río. Según el caudal de agua, se pueden admirar entre 160 y 260 saltos, que en términos medios son unos 1500 metros cúbicos de agua por segundo. Tanta agua no es suficiente para apagar el asombro de los visitantes. Más info aquí



Así como el agua no alcanza, y como resulta imposible tapar el Sol con la mano, es muy difícil poder describir a todos los parques nacionales. Que este pequeño pantallazo haya servido más que nada para tomar conciencia de su importancia. De la urgencia por aprender a convivir con la naturaleza. “Con” ella y no “de” ella.



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