17 de Mayo de 2017
Un templo con gusto a sal
¿Una catedral completamente hecha de sal? ¿Y además subterránea? A 48 kilómetros de Bogotá, la capital colombiana, una monumental obra arquitectónica, de ingeniería y religiosa atrae y asombra a turistas de todo el mundo.


Si bien, dicen, las maravillas del mundo son sólo siete, lo cierto es que son muchos los países que presentan grandes construcciones que asombran y deslumbran por su arquitectura y belleza. Uno de ellos es Colombia, país que cobija, entre otras beldades, la Catedral de Sal de Zipaquirá, una impactante iglesia católica que se esconde a 180 metros de profundidad, en el interior de una mina de sal de la Sabana de Bogotá y que contiene tres naves, un túnel con las 14 estaciones del Vía Crucis, una cúpula, un auditorio, un centro de convenciones, y estatuas constituidas exclusivamente a base de sal sin procesar.



La visita a la Catedral, que se asienta en el departamento de Cundinamarca y está incluida en el complejo cultural Parque de Sal, comienza en la Plaza del Minero, donde mediante el paulatino descenso a la profundidad se percibe el contraste entre la luz natural exterior y la oscuridad de la mina. Continúa en la Grieta del Umbral, que marca el ingreso al templo religioso y que constituye una analogía entre el paso del mundo material y terrenal al espiritual. Una vez allí, se puede realizar un recorrido de aproximadamente una hora de duración por todos los sectores de esta impactante Catedral, única en el continente.



Solamente se conocen dos espacios de culto religioso asentados sobre minas de sal: además de la de Zipaquirá, la Ciudad de la sal Colombiana a la que se llega luego de viajar 48 kilómetros desde Bogotá, se conoce la Capilla de San Kinga en la mina de Wieliczka de Polonia.



Sus dos fundaciones



El pueblo indígena que habitaba en la región, los muiscas, empleó -desde los primeros tiempos de su civilización- la sal blanca que obtenía de fuentes de agua y montañas para uso personal, y en una etapa superior, para el comercio – cuando en 1800 el explorador alemán Alexander von Humboldt viajó a la región e impulsó la explotación comercial de la sal-. Con el correr de los años, los mineros que trabajaban en las minas de Zapiquirá impulsaron la creación de una catedral que consagrara a la Virgen del Rosario de Guasa y, con el apoyo del Banco de la República de Colombia, se inició el proyecto.



En 1950 comenzó a ser construida, pero recién en 1954 se inauguró. Funcionó como atracción turística y espacio de encuentros religiosos hasta 1990, cuando por fallas estructurales se determinó que la mejor opción era cerrarla y reconstruirla a fin de brindar seguridad a sus visitantes. Para reemplazar el diseño de la antigua Catedral, el Instituto de Fomento Industrial, la Concesión Salinas y la Sociedad de Arquitectos de Colombia llevaron a cabo un concurso en el que la propuesta del arquitecto Roswell Garavito Pearl fue seleccionada.



La construcción de la nueva Catedral -60 metros por debajo de la anterior- se inició en 1991 y comenzó a funcionar en diciembre de 1995. A partir de ese momento y gracias al estilo moderno que adoptó, sus encantos se potenciaron y la actividad turística tomó todavía más fuerza, llegando a recibir más de 300 mil personas por año.



La nueva catedral por dentro



Espejos de agua, bosques de Eucaliptos, terrazas adoquinadas y mucho más reciben a los visitantes ni bien traspasan el umbral. Una vez en la Gran Plaza Ceremonial (atrio de ingreso a la montaña, configurada alrededor del Anfiteatro), los turistas pueden disfrutar de la Grieta del descenso, la Cruz Cardinal, el Monumento de los Mineros, el Eje Sacro, la Grieta del Umbral, el Campanario, el Jardín del Sol y el Arco Iris, las Fuentes y el Museo Subterráneo de la Sal, entre otras maravillas del lugar.



Bosques y túneles que conectan a la plaza con otras áreas hacen del templo un lugar enigmático, digno de ser recorrido y descubierto.



Para saber más: Sitio oficial de la Catedral de Sal de Zipaquirá






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